Bajo este título se congregaban esta tarde algo más de doscientas personas en el auditorio del Europa para disfrutar de una conversación que poco ha tenido que envidiar a las de los anuncios del Sabadell de un conocido banco pero promovida por HAR-EMAN.
Dos personas a las que aparentemente no les une nada hasta que cuentan su historia. En un lado, Amaya Valdemoro, alero madrileña es considerada como la mejor jugadora española de baloncesto de la historia, ganadora de 3 anillos de la WNBA, 2 participaciones en Juegos Olímpicos Atenas 2004 y Pekín 2008 y al otro lado Gorka Zufiaurre, actor vasco nominado al Goya a mejor interpretación masculina de reparto por su papel en fuego.
¿Pero qué unía a estas dos personas?
Una entrevista a dos bandas ha demostrado que todo lo que decían tenía algo en común. Ambos lucharon por conseguir hacer realidad sus sueños. Amaya abandonó su casa con tan solo 14 años para poder recibir una mejor formación deportiva y Gorka trató de romper clichés y estereotipos demostrando que su discapacidad intelectual no influía en su interpretación, realizando grandes papeles con una gran carga emocional. Amaya sufrió muchos baches por el camino. Sintió el desprecio y el machismo de uno de los equipos en los que jugó, "chupó" banquillo en su etapa de la NBA femenina y posiblemente su bache más grande, una rotura de las dos muñecas. Podría haberse rendido y dejar de lado todo por lo que tanto había luchado. Un amiga la animó a seguir pues era injusto acabar así su carrera después de tanto trabajo. Se operó y aunque le dijeron que no podría volver al deporte profesional, no solo realizó la rehabilitación en la mitad de tiempo que le habían propuesto sino que además al año ganó el europeo de baloncesto con la selección española. Una historia similar a la de Gorka, al que las horas de estudios y ensayos con su grupo teatral le han llevado a la primera plana del cine español.
Un diálogo que demuestra que al fin y al cabo no somos tan diferentes. Una asociación que buscar genenerar un estado de conciencia colectiva sobre las aportaciones positivas que las personas con discapacidad intelectual tienen en los entornos en los que se hallan incluidas. Reivindican su condición de agentes sociales que con sus limitaciones y sus capacidades, pueden y deben tener un espacio de actuación en el desarrollo de una sociedad en progreso.
Otro ejemplo de ello es el equipo inclusivo de Rugby de Gaztedi que recientemente ha sido reconocido con el premio de campeón mundial en los valores del rugby inclusivo.
Superar barreras, derrotar los PRE-juicios, aprender a dar pero también a recibir, borrar del diccionario la palabra imposible, todo ello en una charla amena que ayudaba a los asistentes a reflexionar sobre la inclusión y sobre aquello que consideramos imposible.


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