Hoy en el periódico digital huffintonpost publicaba un artículo que captaba al lector mediante el siguiente titular: "Once horas de trabajo al día, fines de semana ocupados, vacaciones sin
descanso completo… Y sin posibilidad de protestar. ¿De qué profesión se
trata? Los niños.
El artículo se hacia eco de la propuesta en Change.org de una madre que lleva meses luchando por la “racionalización
de los deberes”. No es la primera vez que escucho noticias sobre asociaciones de padres que piden no mandar deberes fuera del horario escolar, algo que considero un error grave y que pretendo explicar en el siguiente artículo.
Personalmente nunca me ha gustado el término deberes. Suena a imposición, a algo que estás obligado a hacer y que a los alumnos acaba produciendo sufrimiento y rechazo. Prefiero utilizar el término de "tareas escolares" o "actividades de investigación", parece mentira pero el simple cambio del término le quita el gran peso que conllevan. Esto no quiere decir que dejen de ser obligatorios o que no sirvan para repasar las tablas de multiplicar. El segundo paso es cambiar el tipo de tareas. Desde luego que una hoja con 20 multiplicaciones de la tabla del 7 (siempre fue la que más me costó) no motiva, pero ni al alumno ni al profesor. Convirtamos esas mismas 20 multiplicaciones en una experiencia de aprendizaje entretenida. Creemos una historia, echemos a volar la imaginación del alumno, desbloqueemos contraseñas de puertas secretas, descubramos las cifras perdidas de textos...juguemos con los números.... ¿A que simplemente con leer esto ya parece más motivante?
Difiero con la carta redactada en Change.org en varios aspectos, uno de ellos el relacionado con las competencias básicas o clave (el eje que articula toda acción docente). Los deberes bien planteados sí que fomentan las competencias y no solo la linguística o matemáticas, sino también otras como la de sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor. Las tareas escolares deben ir orientadas a facilitar un aprendizaje para toda la vida y que vaya más allá de lo que se pueda aprender dentro del sistema educativo. Deben fomentar la curiosidad por el aprendizaje, la capacidad de reflexión sobre la información que reciben y sin dejar de lado el aspecto lúdico y funcional. Ahora bien, en muchas ocasiones, es necesario asentar conocimientos. No debemos olvidar que los responsables últimos de la educación de los niños no son los profesores sino los padres. Trabajar en casa aspectos tan fundamentales como el cálculo o la escritura es importantísimo para su desarrollo personal y académico.
Los deberes marcan unas rutinas que poco a poco deben de ser asumidas de manera autónoma por los niños. Ayudan a organizar los conocimientos, a enfrentarse de manera individual ante problemas y a planificar su aprendizaje. Son fundamentales para desarrollar procesos psicológicos básicos como la memoria o la atención y generan las primeras estrategias de aprendizaje que serán básicas para su futuro académico. ¿Todas estas cosas podrían ser trabajadas desde el aula? Sí, y ya se hacen, se trabajan todos los días pero aun así, es necesario que el alumno se enfrente solo a ello. Ayudan a asumir responsabilidades y a ser conscientes de las consecuencias que tienen sus actos (no por hacerlos mal, sino por no hacerlos). Por último, son la base para etapas superiores. ¿Verdaderamente piensan que un niño cuando llegue la ESO organizará su escritorio para ponerse a estudiar cuando no lo ha hecho nunca hasta entonces? Los niños deben de jugar, pero también realizar tareas.
Otra de las críticas viene por el número de horas que le dedican a este tipo de tareas en comparación con otros países. Si nos ceñimos a los datos, los alumnos españoles hacen 6,5 horas de ejercicios a la semana, frente a
las 4,9 en los demás países, y sólo en Polonia, Irlanda, Italia y Rusia
ponen más deberes, según la OCDE. Por otro lado, paises como Finlandia y Corea del sur solo mandan una media de tres horas por semana.
Pero la pregunta que yo me hago es ¿Se pueden comparar sistemas educativos como el finés y el español? Claramente no. Son sistemas completamente distintas que responden a realidades sociales y culturales completamente diferentes. Programas como el de Jordi Évole y su "Cuestión de educación" en el que se aborda éste sistema educativo poco favor hacen a la buena valoración del trabajo de muchos docentes españoles y a nuestro propio sistema educativo. Y me explico en esto último, en muchas ocasiones, en conversaciones que se producen a pie de calle la gente elogia el sistema finés y critica el español. A veces desde la contención y otras muchas desde la explosión de rabia de uno que ama esto acaba contestando. ¿Conoces algún sistema educativo que se haya visto ante la necesidad de acoger alumnos con tanta diversidad como en España? ¿Conoce un sistema educativo que en tan solo 30 años por cuestiones sociales y políticas se haya visto a introducir tantos cambios? ¿O algún otro país que introduzca cada 4 años nuevas leyes educativas tan demoledoras como la LOMCE?
España hace menos de 30 años era un país (con permiso de la expresión) de "analfabetos" ya que solo un grupo selecto finalizaba sus estudios o accedía a estudios superiores. En los últimos veinte años se han duplicado el número de alumnos que
completan la educacion secundaria superior y el número de jóvenes con
educación superior está en los primeros lugares del mundo.
Es evidente que aún queda mucho trabajo por hacer, pero no debemos olvidar que hasta hace tan solo 40 años no pasamos a ser un país democrático y que esto sin duda alguna ha dejado su impronta en la educación. Podemos tomar como referencia aspectos de modelos elogiados como el finés o el holandés pero teniendo en cuenta la necesidad de adaptarlos a nuestra realidad social y a nuestro alumnado. Posiblemente sea también necesario un pacto educativo (algo que personalmente veo imposible gracias a los partidos políticos que nos gobiernan) y un cambio hacia un aprendizaje más autónomo e individualizado adaptado a los intereses del alumno y menos memorístico. Pero sin duda alguna, en mi modelo ideal, las tareas escolares en casa (que no deberes) seguirán siendo fundamentales.
Racionalizar sí, primar aspectos como la lectura, la escritura o el cálculo sí, buscar tareas más atractivas y que fomenten la investigación autónoma sí........ elimiarlos no.
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